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viernes, 6 de junio de 2014

“Una novela de iniciación”, por Fabián Soberón

Cuando te vi caer, de Sebastián Basualdo. Buenos Aires, Bajo la luna, 2014 (2°ed.), 196 págs. 

En Cuando te vi caer, la guerra de Malvinas es el río de fondo, la corriente profunda e invisible que corroe la superficie de la realidad. Lautaro es un joven que ha quedado sin padre y que convive con su madre, sus abuelos y con un padre no biológico, el novio de su madre. Ese hecho simple condiciona la estructura de la novela y la mirada de los hechos. La novela no sería la misma si estuviera narrada por la madre de Lautaro o por el abuelo. Parte del logro formal y material de Cuando te vi caer tiene que ver con  la elección del narrador y el punto de vista. El que narra es Lautaro. Y es él el que cuenta cuánta admiración siente por Francisco, el ex combatiente, el héroe de la guerra y de su vida.
La guerra es un mar de fondo, un poderoso explosivo que detona, lentamente, en la compleja superficie de la vida. La punta del iceberg es el cuerpo de la novela y en esa piel propicia y cotidiana sucede la atribulada vida de los personajes. Es impactante la trayectoria de Francisco y, sobre todo, es notable cómo repercute esa existencia anodina y crucial en Lautaro y cómo configura, a partir de ahí, el camino del aprendizaje de Lautaro. Se podría decir que Cuando te vi caer encarna o propone una forma díscola e indirecta de la novela de iniciación. En un barrio violento que se parece a un pueblo (Villa del parque), entre amigos diversos y dispersos, Lautaro aprende la lógica del amor, del valor y de la traición. Eso es la vida para Lautaro: una forma velada de la delación, una montaña empinada que hay que subir y que tiene en la cumbre las formas encubiertas y directas de la mentira, del amor y de la tristeza.
“¿Cuál es el sentido de las cosas?” es una pregunta que recorre, como un fantasma, la novela. Lautaro no sabe (nadie sabe, podríamos decir) cómo son las cosas, en realidad. O peor: nadie quiere ir hasta el fondo de las cosas. Los hechos nunca son lo que parecen. Francisco es el héroe de la guerra pero será otro luego de un giro insospechado. La madre no sólo es una mujer abnegada que atiende a su hijo. Es también la que engaña y la que recurre a la mentira para alcanzar la felicidad. La tía es una mujer que no alcanza su objetivo. El tio Migliolo es un perdedor inquieto y desaforado que nos enseña el costado delirante de las cosas. El abuelo, el Caballero Rojo, es el único, quizás, que permanece inalterable frente a la mirada de Lautaro.
¿Qué es un barrio? ¿Qué es la juventud? ¿Qué es una guerra? ¿Qué es la traición? Estas preguntas estructuran la novela de Sebastián Basualdo. Y las respuestas proponen un rompecabezas artliano y poético sobre los años de formación de los jóvenes en los años 90. Si toda novela narra, en sus pliegues, una forma de la novela familiar, la primera novela de Basualdo es el relato de una familia descolocada por un hecho del pasado (individual y social) en un barrio de Buenos Aires. El narrador no es un héroe ni un perdedor. Es algo peor: es quien recibe los efectos inevitables y perniciosos de la guerra, como un eco difuso  de la guerra. Por eso, su mirada -a la vez cándida y desesperada- encandila y enciende todo lo que toca. Los hechos son vistos desde los destemplados ojos de un joven que descubre la desolación. ¿Es ese el riesgo que implica la madurez? ¿Acaso la madurez supone la irrupción del desencanto del mundo producido por el descubrimiento del sin sentido de las cosas, de las acciones humanas?
Cuando te vi caer es una novela notable que muestra de qué manera se caen los velos en una etapa de la vida. Muestra que el fracaso no es una metáfora sino el resultado material de determinadas condiciones familiares y sociales. La guerra de Malvinas, entonces, no es sólo el brillo opaco en la punta del iceberg sino el trasfondo ciego que descoloca a Lautaro y a toda la familia. ¿Acaso hay mayor desconcierto que el que produce lo que no se puede ver, aquello que condiciona desde las sombras?



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