“Las audacias del señor Gamerro”, por Hache Pavón


Facundo o Martín Fierro. Los libros que inventaron la Argentina, de Carlos Gamerro, Buenos Aires, Sudamericana, 2015, 523 páginas.


Hay, se me ocurre, hombres que escriben para que otros hombres los lean. No es, así  lo siento, ahora que he terminado de leer Facundo o Martín Fierro Los libros que inventaron la Argentina, el caso de Carlos Gamerro, un hombre que escribe para que otros lo citen. Una vez que el lector dé cuenta de sus más de 500 páginas, si tiene la precaución de hacerlo lápiz en mano para subrayar, volver a leer y guardar en la memoria, se habrá provisto de frases y sentencias (aunque el tono del libro está muy lejos de ser sentencioso), para intervenir en cualquier polémica, académica o de café, en la que se ponga en cuestión el pasado, el presente y aún el futuro de la Argentina. Imagino la escena: en una mesa de un congreso o en una mesa de café (esta última le haría más justicia al tono –o lenguaje– del libro), alguien levanta la voz y señala: “Como dijo Gamerro: ‘Sarmiento escribe como quien se abre la bragueta para probar que la tiene más grande…’” (45). La frase, harto verosímil, conlleva una audacia, ni la primera ni la última del libro, porque este conjunto de veinte y tantos ensayos que orbitan sobre dos cuerpos fundamentales de la literatura argentina: el Facundo y el Martín Fierro, fue escrito de audacia en audacia y, en consecuencia, la cita se vuelve una tentación.
La primera audacia de Gamerro es en rigor una conjetura borgeana y aparece, como para que el lector esté advertido, en la contratapa del libro: “¿Qué habría pasado si en vez de elegir el Martín Fierro de José Hernández como nuestro libro nacional hubiésemos elegido el Facundo de Sarmiento? ¿Habría tomado otro curso la historia? ¿Seríamos una sociedad distinta?” Podemos reformular esta conjetura con otras referencias, el siglo XX y el rock por ejemplo: ¿Qué habría pasado si en vez de elegir a los Rolling Stones como nuestra banda hubiésemos elegido a los Beatles? ¿Cuán distinta sería una sociedad beat de una sociedad rollinga? Gamerro recorre dos siglos de literatura y de historia argentina en busca de respuestas y, acaso esto sea lo más valioso, cuestionando el valor de estas preguntas y de otras que van surgiendo en el camino.
La segunda audacia del libro también aparece en la contratapa y bajo la forma de una conjetura: “Hagamos como si la literatura fuera no solo muy importante, sino lo más importante del mundo; supongamos que de algunos libros escritos por una dispersa dinastía de solitarios dependen los destinos del país, las realidades en que nos movemos (…) y con todo ello nuestras vidas, y veamos qué ha resultado”. Lo que ha resultado es este libro que, sobre estas dos conjeturas, la de Borges y la de Gamerro (muy borgeana por cierto), se pregunta qué han hecho Arlt, Cortázar y Perón, entre otros, con la pesada herencia.      
Facundo o Martín Fierro Los libros que cambiaron la historia tiene, diría Lévi-Strauss, una estructura de espiral, desde un punto que podríamos ubicar en la “Introducción” y en los dos primeros ensayos “Facundo” y “Martín Fierro” se desprende una línea curva (una serie de ensayos) que describe varias vueltas alrededor de ese punto. En cada una de esas vueltas y con cada uno de los ensayos de la serie, Gamerro indaga en la naturaleza de las relaciones de estos libros fundacionales entre sí y con todo lo demás (donde todo lo demás abarca la literatura, la historia, la política, etc.). De los méritos del autor, muy numerosos, sobresale la vista de lince para encontrar elementos, sentidos nuevos, en libros que han sido visitados una y otra vez por la crítica literaria. Gamerro juega a las escondidas y, al parecer, no le molesta tener que contar hasta 10, 50 o 100 porque confía, y lo bien que hace, en su vista. Cuenta Gamerro y dice en voz alta: “punto y coma el que no se escondió se embroma”; abre los ojos y gira la cabeza; y busca y encuentra a los que no se escondieron, a los que se escondieron mal y a los que se escondieron bien.
Entre los que se escondieron bien (y ahora lo hacen en organismos del Estado), se destaca la figura del patrón en la literatura gauchesca. Gamerro lo encuentra en el Martín Fierro: “La Edad de Oro que pinta Hernández es anarquista a medias, sin Estado ni leyes pero con Dios y –sobre todo– con patrón, cuya figura asoma en el idílico cuadro” (72). Cedo a la tentación de reproducir la cita de Fierro: “Aquello no era trabajo,/ más bien era una junción/ y después de un güen tirón/ en que uno se daba maña,/ pa darle un trago a la caña,/ solía llamarlo el patrón” (72). El patrón se había escondido en la última palabra del último verso de la sextina, como cayéndose de la estrofa. Sin embargo Gamerro lo encuentra y reflexiona: “No deja de ser llamativo que, (…) las injusticias las cometan siempre el juez de paz, el comandante de campaña, el almacenero, (…) pero nunca el terrateniente, nunca el patrón” (72). Lo llamativo es, sospecho, ese deslizamiento del sujeto de la enunciación hacia el enunciado (o, parafraseando al autor, el sueño del patrón cantado por el gaucho).     
Asociado con la audacia y con la vista de lince está el tono de Facundo o Martín Fierro…, propio también de la situación del ensayista, a media agua entre los conceptos teóricos y su experiencia de lectura. Gamerro elige, como lo he señalado, un tono de charla de café o, dicho de otro modo, un lenguaje predestinado a la polémica: “Si nos guiamos por la gauchesca los gauchos no cogen: bailan un pericón y ya la china quedó preñada” (59). Después, mientras se lamenta por un género que no fue: “la pornogauchesca”, insiste: “el poema de Hernández es sin duda más pudoroso que una novela victoriana” (60). Acaso sea ese tono, ese lenguaje, tan poco académico, el que le permita ir tan lejos.
A propósito: ¿cuán lejos puede ir la imaginación crítica, en la Argentina, en términos de literatura y realidad política? Borges y Perón, la apuesta no puede ser más fuerte. Acá también Gamerro resiste la tentación de ver, como tantos otros, en estos dos nombres una simple reedición de la dicotomía Sarmiento o Rosas (civilización o barbarie). Ve algo más, algo novedoso que nos cuenta así: “No hay ningún político argentino que pueda ponerse al lado de Perón, como tampoco un escritor que pueda parangonarse con Borges. Considerado desde una perspectiva mundial, el peronismo es la única idea política que la Argentina ha tenido en sus doscientos años de historia (…), y Borges es el único escritor que la Argentina ha dado a la literatura mundial” (291). Entonces, sólo entonces, sus vidas y sus obras son comparables.
Otros nombres y otros episodios argentinos aborda Gamerro: Moreira, Hudson, Güiraldes, Marechal, Bioy Casares, Saer, el Che, Walsh, Puig, Fogwill, Lamborghini, Malvinas y la dictadura entre otros. En cada abordaje asume los riesgos del polemista. Riesgos que el lector agradecerá.      

Comentarios

  1. La reseña invita a leer, por lo tanto,cumple con éxito su objetivo. Evidentemente, un libro desafiante desde las polémicas que desea generar ¿Es verdaderamente Borges el único escritor que la Argentina ha dado al mundo? ¿Es el peronismo la idea política que el pueblo ha mantenido firme a lo largo del tiempo? Creo que es más acertado en en el plano político que literario (quizás esté pecando de excesivo respeto a los Cortázar, a los Puig y a los Sábato) Sin embargo, al igual que sucede con los partidos políticos que parecen construirse, sea en comparación o en contraposición, con el modelo iniciado en el 45 (por poner una fecha formal aunque fue muchísimo antes), mi pregunta es ¿Podemos pensar que desde Borges se escribe con el retrato del Maestro sobre el escritorio sea para imitarlo,homenajearlo o diferenciarse? ¿Se debiera afirmar que venimos reescribiendo (incluso Borges) el Martín Fierro y el Facundo como fieles seguidores de la cuna de nuestra tradición literaria? De ser así, entonces estaríamos condenados, para bien o para mal, a repetirnos con distintras fórmulas y colores, pero siempre siendo en el fondo productos de una antaña corriente política, social y cultural muy bien matizada. L. N. Rivero

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  2. Cada libro que recomienda UD Sr. Pavón va a parar a mi humilde pero valiosa biblioteca de pino. Gracias por compartir cultura, es sin duda un lector muy atinado y sabe exponer en evidenciad las pequeñas estrategias o truquitos de escritura de cada escritor...muy cómico, despojado y sin prejuicios literarios..ahora la pregunta quedó instalada en mas de una señora culta mientras bebe su té con masas:
    ¿un nuevo género literario?
    ¿qué será esa nueva tendencia literaria autodenominada 'pornogauchesco'? La incognita ha sido planteada...habrá que esperar para degustar otra exquisita reseña..con libros que tenés que leer antes de que te lo cuenten. Impecable lo suyo Héctor. Salud ! Patricia

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