“Llegan de a montones” por María Inés Aldao



De a montones llegan a escucharse, de Juan Ignacio Pisano. Buenos Aires, Evaristo Editorial, 2025, 153 páginas.

De a montones llegan a escucharse es la tercera novela de Juan Ignacio Pisano, luego de El último Falcon sobre la tierra (2019) y El viento de la pampa los vio (2021). Pisano, profesor universitario e investigador de CONICET, retoma esta vez la historia de El último Falcon, la amplía y profundiza. El autor se propone continuar saerianamente las peripecias de sus personajes en próximas novelas, a la vez autónomas y seriadas. De esta manera, si bien De a montones se puede leer independientemente del resto de su obra, se encuentra estrecha y magistralmente ligada a la historia de la Profesora, Ema, el Abuelo y el Falcon, y a esa sociedad postapocalíptica que aquí se complejiza aún más.

La novela transcurre aproximadamente veinte años después de los sucesos de El último Falcon y cuenta la historia de Tadeo Medina, hijo apropiado de un alto funcionario y suerte de gendarme de la Ciudad Alta -centro neurálgico de la represión y la perpetuación de la marginación social- cuyo deber es exterminar a los “insectos”. La historia inicia cuando su vida es interrumpida por la llegada de sucesivas cartas que hacen tambalear sus convicciones e identidad. A partir de allí, Medina sufre una conversión paulatina pero férrea, que acaso responda uno de los interrogantes que plantea la novela: ¿puede la resistencia lograr que la violencia de Estado vire hacia una reparación histórico-social?

Con ecos de Wells, Bradbury y -más próximos- Bazterrica y Ávalos Blacha, De a montones llegan a escucharse articula ciencia-ficción y terror, un terror surgido no solamente del ejercicio de la crueldad sin límites sino también de las insondables secuelas psicológicas y emocionales de dicha violencia en la humanidad: la corrupción, la corrosión o, en sentido inverso, el infinito afán de supervivencia. 

Esta novela articula distintos tipos de violencia. La Ciudad Alta, versión futurista de los centros clandestinos de detención, es representada con toda la crudeza posible. Se agradece el relato desgarrado, la palabra lacerante, la puteada exacerbada. Todos los insultos ilustran este régimen del horror. 

La novela consta de tres instancias narrativas: en primer lugar, una tercera persona que narra desde la perspectiva de Medina y la Ciudad Alta; en segundo lugar, la voz epistolar de Pilo, voz cara a los lectores, acompasada, cariñosa, que destila y ofrece un amor del que Medina carece; por último, pero no menos importante, las voces que irrumpen e interrumpen los pensamientos del protagonista. Esos montones que se hacen oír -hermoso título el de esta obra, por cierto- se presentan con el ímpetu del malón de antaño y anuncian un final de (re)encuentro. Llegan “de a montones” a -intentar- cambiar el orden de las cosas. Esos montones, de a poco, invaden cuerpo y alma de Medina hasta adueñarse -vaya paradoja- del mundo del apropiador.  

Los personajes están construidos con solidez. Medina, miembro de la Policía Nueva, en contradicción constante con su proceso de reconstrucción identitaria que lo atraviesa y acerca lentamente a la resistencia, a ese “otro lado”. Pilo, su padre biológico, desde la voz epistolar que (alerta de spoiler) será todo presencia en el desenlace. Ese “Volví” de la primera carta es promesa que se cumple: “Acá está su padre”, dirá Pilo, ya no epístola mediante. Su lucha consistió en invadir, más que la ciudad del hijo, su corazón. Y el lector es testigo de ese triunfo. La gaucha voz paterna (“m´hijo”, “sepa usté”, “sepaló”) (nos) remite a -otras- voces familiares, pregnantes, perennes. El trabajo que hace Pisano con la trama filial es potente y conmovedor. Imposible terminar la lectura sin que se nos escape un lagrimón. 

Tremendo personaje es Bustos: pura agresividad, siempre pronto a “cortar cabezas”, tan tristemente contemporáneo, tan salvajemente actual. Amante de los años setenta, su palabra y acción están al servicio de la violencia de Estado.

Como presencia constante y “peligrosa”, el Abuelo, la Profesora, Ema o la “niña sin palabra”, Perú y su caballo y, claro, el Falcon. Esta (re)aparición -deseada por el lector- de quienes acechan desde el principio la Ciudad Alta, sella la historia mediante su presencia audaz y definitiva en el hermoso final de la novela que augura -espero con ansias- una continuación.

Y ese otro gran personaje de la obra: la palabra violenta y la palabra que violenta. La oralidad -tópico fundamental de la vasta trayectoria de Pisano- ejerce un papel central en el texto. Ante tanto poder injusto, la palabra adquiere un poder-otro, tal como señala Pilo: “la Profesora me enseñó con un cuento el poder de la palabra” (80). Arma acaso más letal que las otras, la palabra -incluso durante el sueño- invade y persiste. 


| la novela articula ciencia-ficción y terror, un terror surgido no solamente del ejercicio de la crueldad sino también de las insondables secuelas psicológicas y emocionales de la violencia |


La asociación con la dictadura genocida es otro de los aciertos. La apropiación de menores, el abuso de autoridad, la estratificación en castas “inferiores” y “superiores”. El relato de los vejámenes en todas sus facetas aparece aquí sin ambages ni medias tintas, en su horroroso esplendor -un ejemplo es la terrible escena de la masacre de niñes en el Barrio Equitativo-. Una sociedad desesperada y desolada, escenario que sumerge al lector en un sinfín de sensaciones a través de la corroboración de lo que la crueldad e injusticia producen. 

Destaco, además, las referencias a la poesía gauchesca que ingresa de manera muy lograda en la distopía futurista a través de la voz de Pilo y de las alusiones constantes a la literatura argentina decimonónica, como el encuentro entre Cruz y Fierro. Así, Pisano construye un puente entre sus intereses académicos y sus novelas. Y eso no es fácil de articular. Con solvencia y pasión, logra que ese saber, producto de años de esfuerzo y estudio, nutra y fortalezca su escritura de ficción. 

He aquí una mención especial para las referencias (explícitas o no) literarias, fílmicas, musicales, tan afines a la obra de Pisano: Martín Fierro y la gauchesca, “Biografía de Tadeo Isidoro Cruz” de Borges, los cuentos “sin amor” de Martínez Estrada, pero también Las mil y una noches, The handmaid´s tale, Un mundo feliz, así como Volver al futuro, What happened to Monday?, la imperdible joya argentina Cuando acecha la maldad, el rock de los ´70 y el heavy metal, del que Pisano es -también- apasionado investigador. Y como buen docente de literatura latinoamericana, resuena el último verso del soneto “Este que ves, engaño colorido” de Sor Juana en la frase “bien mirado, es tierra, humo, polvo, sombra” (150). Un universo artístico al servicio de la literatura que suma y densifica la trama.

La prosa de Pisano desborda talento. Se trata de una novela hermosamente escrita, con cambios tonales acertados, precisa delimitación de voces, perfecta interpretación de cómo debe “hablar” cada personaje. Y luego de un clímax profundo, el final anunciado y -a la vez- inesperado en el que resuena una frase de El último Falcon sobre la tierra: “La esperanza adquiere a veces unas formas muy extrañas”. Porque ante la violencia desmedida, siempre existe una esperanza que nos interpela, una pequeña pero pujante comunidad que nos convoca. Al menos, en la literatura.


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