“‘Es el bitcoin, estúpido’ o el credo criptomonetario”, por Germán Ledesma


Poder y dinero en la era del bitcoin. Una historia de la moneda digital de Marco Mallamaci. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2024, 461 págs.


La reformulación de la famosa frase acuñada por James Carville (“It is the economy, stupid”) puede funcionar como síntesis de la hipótesis principal del libro, ya que a lo largo de las páginas sobrevuela la idea de que bitcoin −y en especial el protocolo blockchain− resulta insoslayable a la hora de pensar el futuro cercano, a tal punto que Mallamaci proyecta un “patrón bitcoin” como base de una inevitable economía digital-cripto. En esa línea, podríamos decir que hay cierto posicionamiento afirmativo respecto de esta tecnología que es percibida como revolucionaria. Aunque matizado, el autor sostiene que “se ha iniciado la cimentación de un nuevo saber-poder dinerario” (27).

Se trata de un trabajo riguroso, una reescritura ampliada de su tesis doctoral, lo que se hace evidente en varios pasajes caracterizados por su densidad. En este sentido, el título no le hace justicia a la investigación, que propone un recorrido vastísimo: no se trata solo del “poder y dinero en la era del bitcoin”, ni es solamente “una historia de la moneda digital”. Cada tema o problema se ramifica en una serie de derivaciones teóricas de índole general: la dinámica del capital a partir de las nuevas transformaciones tecnológicas, el dinero como elemento cultural, el vínculo Estado-mercado desde el siglo XVIII hasta la actualidad, el proceso de nacionalización del dinero a partir de la emergencia de los bancos centrales, el tiempo como variable en la composición del valor del dinero, la relación humano-máquina, la unión entre dinero y electricidad, entre varias otras. Podría decir que el libro repone una lógica novelística, en el sentido de que hay una trama de acontecimientos que avanza, pero con detenimientos morosos. Mallamaci va trazando los modos en que los procesos tecnológicos permiten la concreción de un nuevo tipo de capitalismo, pero nada se da por sentado; todo ingresa en una dimensión histórica que adquiere un despliegue bibliográfico extenso: la programación, la información como concepto y desarrollo técnico, la informática, internet. Esto tiene su correlato en una esfera social ampliada: por ejemplo, para llegar al desarrollo de los postulados del tecnolibertarismo-cripto es necesario conocer las características de los movimientos hippies y anarquistas de la década de 1960, luego los movimientos hacker y ciberpunks. Entonces, la economía está en el centro del trabajo, aunque el texto se proyecte hacia disciplinas como la antropología, la sociología y la filosofía. 

Con resonancias foucaultianas explícitas, la primera parte articula las categorías de poder, técnica y dispositivo con las de dinero, mercado y Estado. El recorrido propuesto va del poder a la técnica, cruce del cual surge la noción de “dispositivo”, de ahí al dinero, y luego al dinero electrónico y a las criptomonedas, para hacer foco, finalmente, en el bitcoin.  La metodología también es amplia: va del análisis del discurso, a partir de una serie muy diversa de fuentes, al análisis cuantitativo de datos (entre otras: las curvas de cotización del bitcoin en relación con el peso y el dólar o de los volúmenes de capitalización del mercado de criptos). Quizá lo más interesante es cómo logra articular lo técnico y lo político como capas superpuestas de análisis, extrañando la mirada sobre conceptos que tienen una fuerte carga semántica a priori, como es el caso de “neoliberalismo” o “capitalismo”. En este sentido, sobrepasa la mirada ingenua y maniquea que impera en la discusión pública, sobre todo en la red social X, a propósito de estos temas que son de una rabiosa contemporaneidad y que suelen presentarse de manera sesgada.


| El libro funciona como una especie de “Bitcoin para principiantes”... Otro de sus grandes aportes es pensar la realidad del bitcoin en el contexto argentino |


A partir de la segunda parte, el libro se vuelve “numerario” (menos filosófico y sociológico): abundan valores, porcentajes, estadísticas. En esta sección se ubican los planteos respecto a bitcoin, que resultan un aporte, ya que además del factor numerario Mallamaci recupera preguntas de sentido común y las va desarrollando, siempre con un andamiaje teórico consistente: “¿cómo es posible que un algoritmo funcione en términos monetarios?, ¿es la representación de un valor físico almacenado?, ¿quién es responsable de emitir las criptomonedas?, ¿dónde están depositadas las monedas virtuales?, ¿qué posee aquella persona que atesora criptodinero?” (148). En este sentido, el libro funciona como una especie de “Bitcoin para principiantes”, ya que luego de su lectura uno tiene un cabal entendimiento de términos que están asociados con el mundo cripto. En un párrafo o en una nota al pie, se explican diversas cuestiones: ¿Qué es un “bloque”? ¿Por qué hablamos de “escasez artificial”? ¿Qué consecuencias tiene? ¿Qué es un “token”? ¿Qué es el “hashrate” o “potencia de energía de cómputo”? ¿Qué son el “proof of work” y el “proof of stake”? ¿Qué es el “halving”? ¿En qué radica el problema del “doble gasto”? ¿En qué consiste el proceso de minado (o “hash”)? ¿Cuáles son los alcances de la tecnología blockchain más allá del mundo de las criptomonedas?  

Otro de los grandes aportes del libro es pensar la realidad del bitcoin en el contexto argentino. Esto viene de la mano de nuevas ramificaciones: la historia de las funciones monetarias en el país, el posicionamiento de la Argentina en el concierto internacional a partir de la Segunda Guerra, el vínculo conflictivo entre el peso y el dólar (y de aquí el dólar como elemento cultural de la vida social argentina desde 1950), los procesos inflacionarios, la Convertibilidad, en suma, la historia económica en nuestro país que configura un sistema cuasi bimonetario. En este contexto, el bitcoin se presenta como reserva de valor y como herramienta que evade regulaciones en torno al acceso a divisa extranjera en una economía signada por el cepo cambiario. Respecto del contexto político actual, que resuena en gran parte de los capítulos del libro (sobre todo en aquellos que explican la filosofía tecnoanarquista), el epílogo resulta crucial porque allí Mallamaci se permite enunciar hipótesis de manera explícita. Según el autor, la emergencia de una forma disruptiva de gobierno apuntalada en medidas económicas ortodoxas es producto de un problema monetario, que en Argentina resulta crónico. A partir de allí, se desprende una crítica al gobierno de Milei y un atisbo de propuesta cuando señala que el actual gobierno no contempla el criptosistema económico como herramienta para desanclar el peso del dólar, es decir, para superar la lógica de centralidad de las monedas soberanas. La “dolarización”, presente en el discurso de Milei como concepto rector, opera como síntoma de este problema; cabría, más bien, en línea con el pensamiento criptoanarquista, una “tokenización”. Más allá de las propias posiciones de Mallamaci, que siempre vienen matizadas, complejizadas, la crítica podría resumirse en que el gobierno no es efectivamente libertario. Esto abre al debate y al pensamiento político, pero ya sobre ese fondo teórico vasto que fue desplegado a lo largo de todo el libro. La principal interrogación, por fuera de nuestra coyuntura inmediata, está orientada hacia el poder: ¿qué puede el dinero en las sociedades modernas? O más acá en el tiempo: ¿quién tiene (o debería tener) el poder de emisión y control del dinero en las sociedades informacionales?   


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