“La lengua y el disfraz” por Catalina Ruiz Diaz



La traición de mi lengua (2025), de Camila Sosa Villada. Buenos Aires, Tusquets, 2025, 88 páginas.

El título de este texto nos hace ingresar a la lectura con interrogantes, con una intriga: ¿qué es “la traición de mi lengua”? ¿Qué significa que la lengua te traicione? Desde La novia de Sandro (2015), su primer texto publicado, Camila Sosa Villada nos regala un poco de la historia del colectivo travesti, sumergiéndonos en un mundo metamorfoseado, lleno de erotismo y crueldad, soledad y comunidad, amor desmesurado y violencia. Crea, con un lenguaje empapado de poesía y drama, una atmósfera que nos muestra las dos facetas del mundo trans que menciona en Las malas (2019): la “fiesta travesti” y la “furia travesti”. Nos presenta personajes que atraviesan lo erótico y lo violento como dos caras de la misma realidad. El sexo como moneda de cambio que deben pagar las travestis para ser. Sus personajes nos hablan de escupitajos, de golpes, de besos y caricias; de cómo prepararse para una penetración anal y de cómo inmolarse por amor a la familia que se elige; del abrazo de una comunidad que se construyó escapando de los edictos policiales, formando jardines de compañeras que curaban los golpes e inyectaban el cuerpo deseado.

Libro tras libro, Sosa Villada va desplegando ante nosotros una lengua que le es propia, que reclama y valida como parte esencial del ser travesti: “Escribo sobre erotismo porque soy travesti, y las travestis tenemos los días contados” (p.18). En varias entrevistas ha destacado dos conceptos que defiende como parte de su identidad: ser travesti y ser escritora. En primer lugar, la defensa del término travesti como un sujeto histórico que se impregna de una clase social y de un momento particular. En segundo lugar, ser escritora como una elección consciente al construir ficción, sin despegarse de lo autobiográfico, pero defendiendo su trabajo de creación artística. En La traición de mi lengua (2025), Sosa Villada se planta como escritora, como una autora que ha construido una obra y que ya tiene lectores, y le salta a la yugular a la lengua que ha conocido desde niña: una lengua que la ha lastimado y con la que nunca logró entenderse. Necesitó, entonces, crear su propia lengua; exponer que las travestis habitaban una forma particular de nombrar y mirar el mundo, una que sólo podía expresarse plenamente a través de una escritura poética capaz de darle sentido al drama. Como ella misma escribe: “El lenguaje es un disfraz, posiblemente el primer disfraz. Usamos el lenguaje como un vestido, como un uniforme, como un artificio de hojas y ramas para camuflarse en el paisaje de los hombres” (p. 86).

En este texto, en ocasiones nos habla una primera persona adulta que relata momentos de su vida amorosa y de lo erótico, en una o dos páginas, en forma de anécdotas, pero también esta primera persona aparece como un salto de conciencia hacia un fragmento de reflexión acerca del lugar de la lengua como organizadora del pensamiento y de la fuerza que tiene su escritura, su lengua travesti: “Me escribo. Es mi derecho escribirme y no saber” (p.57) . Ella señala que escribir le es urgente; en El viaje inútil (2018) confiesa: “Mi primer acto oficial de travestismo no fue salir a la calle vestida de mujer con todas las de la ley. Mi primer acto de travestismo fue a través de la escritura” (p.35); en el texto de 2025 insiste en que el metamorfosear su cuerpo para encontrarse en él es tan inevitable como escribir: “La letra también es negra por esto: porque la piel es negra y eso es algo que no puede ocultarse. Como el travestismo. Como la escritura, exenta o eximida del disfraz” (p. 48). Por otro lado, aparece la tercera persona narrativa de una voz omnisciente que no se despega del personaje infantil: piensa como una niña, aunque la nombren varón. Una niña que tempranamente ha conocido la violencia y el erotismo, de nuevo, como dos caras del mismo peso que se hacen carne en ella: “Los colmillos hundidos del orgasmo la obligan a escribir. La niña entiende que la fuerza de la pasión de sus padres devuelve la paz a la casa. Desde entonces, el sexo quedará encadenado a la reconciliación, a la traición y al amor mismo” (p.12).


| Sosa Villada se planta como una escritora que ha construido una obra y que ya tiene lectores, y le salta a la yugular a la lengua que ha conocido desde niña: una lengua que la ha lastimado y con la que nunca logró entenderse |


Entonces, volvemos a la pregunta inicial: ¿qué nos va a decir la autora con respecto a que una lengua traicione, a que su lengua la traicione? En el título nos encontramos con el sustantivo “traición” sin saber a quién o qué traiciona la lengua. Al leer, comprendemos que la lengua la ha traicionado a ella, a su colectivo, que ha tenido que desplegar nuevas palabras para ser travesti, que no es posible metamorfosear el cuerpo con aceite de motor y vestidos que eran de las mujeres de la familia sin tomar también la lengua de su padre y de su madre e intentar crear una propia. ¿Para escapar de la policía, para amar, para sobrevivir al hambre con el cuerpo, es necesario crear una nueva forma de hablar? No, no es necesario. Es inherente. Inherente al ser travesti. Y para Sosa Villada, la escritura es la forma de hacer eco de eso que sus entrañas no alcanzan a explicar. Lo que su cuerpo como actriz, en manos de directores que hablan una lengua diferente, tampoco alcanzó a expresar. Por eso necesita de la tinta y, sobre todo, de sus lectores, sus criaturas, su creación: “La lengua participó de mi transformación, llevando y trayendo los chismes que nutrían a mi primera travesti, mi primer intento, la niña rubí, la niña hecha también de los monstruos subterráneos que llevaban las sentencias, las acusaciones, las invenciones respecto a mi vida. La lengua prohibiendo, insultando, castigando y mordiendo la existencia tan fina de una niña travesti” (p. 41). En este libro, Sosa Villada reivindica su lugar como escritora: “Ya pagué el precio, es hora de escribir lo que se me antoje, aunque esto no le guste a nadie” (p.19). Y la última oración sintetiza y redobla la apuesta a lo que desarrolló como quiso durante todo el texto, con anécdotas, con fragmentos que parecen sueltos o caídos de un momento de reflexión espontáneo: “El lenguaje es el caballo de Troya con el que sujetan la ferocidad del corazón” (p. 87).


Comentarios

  1. Me encantó. Me interesaría leerla a Vallada en un futuro que espero sea cercano

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