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miércoles, 4 de agosto de 2010

"La inutilidad de las cosas", por Pablo Manzano

Diccionario prescindible, Albert Lladó y Daniel Llamas. Barcelona, 2010.
¿Y los datos de la edición? No, amigos, no se trata de un libro. Ni siquiera es uno de esos libros que no quieren parecerse a un libro. Escribió una vez Laura Fernández: «¿Se puede jugar al ajedrez con un tablero de Monopoly?» Difícil. Por mucho que se pretenda adoptar un formato de videojuego, serie o parrilla televisiva un libro siempre será papel y tinta. Al menos mientras esté impreso. Pero qué pasa si se combina texto, audio y vídeo. Entonces sí, el resultado podría ser literatura multimedia. Y en el caso de esta propuesta lo es. O como prefieren definirla sus creadores: literatura digital no digitalizada (?). Ellos son Albert Lladó y Daniel Llamas (un escritor y un animador multimedia, ambos de Barcelona, incipientes treintañeros), y juntos han concebido este diccionario que asombra por su originalidad y lucidez, inspirado en las greguerías de Ramón Gómez de la Serna. Contiene 260 palabras con definiciones prescindibles, pero en la mayoría de los casos muy imaginativas y sugerentes. «Yacer: Antónimo de nacer.» Contiene diez palabras por letra, nueve de ellas acompañadas de un gráfico, una ilustración o una fotografía, y la restante (siempre en negrita) representada por un vídeo o un interactivo musicalizado (en ocasiones estridente y perturbador, como para poner nervioso a un dadaísta). «Tacón: Plataforma desde la cual algunas mujeres producen música». Pero lo visual no es aquí un simple complemento del texto, sino una segunda significación, pues Lladó empezó por darle la vuelta a las definiciones del diccionario académico con la idea de que Llamas interpretara estas redefiniciones y aportara imágenes de producción y elección propia, todo encaminado hacia una tercera reinterpretación por parte del lector-espectador. «Real: Que existe, aunque sea en nuestra imaginación». Las definiciones, surgidas a veces de juegos de palabras o de palabras inventadas, se recrean según el caso en aspectos grises de la vida (miseria) diaria. «Sadismo: Práctica asumida como cotidiana en algunos puestos de trabajo». (Ver Inercia, Kafkiano, Oficina). O bien, nos recuerdan (el escepticismo con que miramos) el mundo que hemos construido. «Evolución: Proceso de decadencia con muy buena pinta y que se sostiene siempre que no se mire hacia atrás». Algunas ahondan en lo filosófico. «Mal: Invento relativamente moderno». «Tejer: Movimiento natural de la Historia y otras disciplinas. Sinónimo de metaliteratura». Otras arrojan luz de manera implacable sobre la épica de nuestra época. «Héroe: En la segunda parte del siglo XX, Woody Allen». Están las que nos hacen reír. «Mariposa: Insecto de mierda con glamour». Y las que nos roban una sonrisa por su agudeza. «Egoísta: Budista que se cree tan radicalmente especial que puede acabar con su propio Ego». Hay varias acepciones con un componente poético, aunque resultan mucho más cándidas algunas con un marcado tinte político (sólo algunas). Casi todas entrañan un hallazgo o un acierto. «Xenofobia: El odio que algunos ven en el extranjero que encuentran frente al espejo». Casi todas apuestan por desactivar el sentido común, redescubriendo nuevos sentidos. «Orgía: Promesa eterna de la llegada del Mesías». (Ver imagen de Orgía). Cada definición es fruto de la «Ironía: Inteligencia. Lengua propia que se expresa mediante otros idiomas», y de la «Inspiración: Magia que le llega a todo el mundo, menos a Picaso, cuando no está trabajando». Éste es un diccionario que fascina por su aportación estético-reflexiva y que puede convertirse en una fuente de consulta más que imprescindible. Además, engancha y genera adicción (¿serán esos sonidos minimalistas?). «Laico: todo aquel que prefiere opios mejores, más fumables, menos tóxicos, y con menos disfraces y anillos». Es para añadirlo a la lista de Marcadores y navegar por él (paladearlo de a poco) siempre que se quiera matar el tiempo de manera inútil y provechosa. «Negociar: Matar el ocio». Una forma de ocio gratuita. No hay editorial de por medio, no hay copyright: sólo una versión on line. Aquí. Un regalo para agradecer y compartir (envía el link a tus amigos provincianos y presume de enteradillo). Quien quiera apreciarlo en pantalla grande puede asistir hasta el 30/10 a la instalación en el Setba Zona d’ Art (Plaza Real, Barcelona). Es el tercer espacio cultural en que se expone. Lladó se propone así encontrar un lugar para la literatura en las muestras de arte digitales.

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