“Memorias dolientes y largos peregrinajes”, por Laura Mombello

Memorias de expropiación. Sometimiento e incorporación indígena en la Patagonia 1872-1943, de Walter Mario Delrio. Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes, [2005] 2010, 310 págs.

Después de la “campaña del desierto” las familias mapuche y tehuelche sobrevivientes comenzaron un camino tortuoso hacia una tierra que se les negaba sistemáticamente. Corridos una y otra vez, por las armas y por la ley, buscaron reconstituirse sobre la base de un espacio al que propios y ajenos reconocieran como originario. Los logros en este campo son siempre provisorios y se encuentran sujetos a las nuevas “avanzadas” de los poderes públicos y privados sobre los territorios de los pueblos indígenas.
Sobre la historia de este peregrinaje, sobre las memorias traumáticas de la “conquista del desierto” y sus consecuencias transita, minucioso y comprometido, el análisis del  autor.
Si las memorias recuperan trozos de vidas atravesadas por la lucha por la tierra y la supervivencia, la historia ilumina la trama compleja en la que se enhebra, a contrapelo, la relación del Estado con los Pueblos Originarios en Patagonia. Para dar cuenta de la complejidad de este proceso, el autor propone abordar el período en que se lleva adelante el sometimiento y la incorporación de los mapuche y tehuelche al estado-nación argentino y a la economía política capitalista desde fines del siglo XIX hasta mediados del siglo XX.
Reconstruir estos procesos requiere de una fina pericia para abrevar en fuentes de naturaleza diversa. La visita selectiva a los archivos y a los relatos orales habilita un tipo de argumentación que permite poner en relación los problemas territoriales del presente con las expropiaciones acaecidas en el pasado. Los hilos que recorren los documentos parecen anudar una sucesión de atropellos, incomprensiones y genocidios que emergen, como reclamos y proclamas de autoafirmación, en las narraciones actuales de los actores. Narrativas que rompen con la lógica del exterminio y el silencio impuesto, e inauguran una etapa de autoreconocimiento, autoafirmación identitaria, e instalación en el espacio público de un relato alternativo sobre la historia de Norpatagonia a la que este trabajo hace también su aporte.
El registro de los acontecimientos, por cierto, no es lineal aunque sea cronológico. Por el contrario, desandando los claroscuros de la escritura de documentos que dicen y se desdicen sobre los derechos de la nación y, eventualmente de “los otros”, logra inmiscuirse en las lógicas y los intereses que sostuvieron históricamente las políticas de incorporación subalterna de la población indígena. El Estado, en sus distintos niveles, operó sistemáticamente como agente disciplinador de este sector de la población, al que juzgó desde el inicio como menos calificado que el resto.
Estas políticas se expresaron de distintas maneras a lo largo de la historia y se aplicaron en diferentes niveles. Detenerse a desgranar  las especificidades de cada contexto y de cada una de las escalas -nacional, regional, provincial y local- en que efectivamente se desplegaron las prácticas de incorporación y subalternidad, no es un detalle menor. Por el contrario, es precisamente este recorrido el que abre la posibilidad de establecer las relaciones e identificar las rupturas entre el pasado y el presente, entre lo nacional y lo local, entre los sectores dominantes y los subalternos.
La expropiación y el sometimiento son prácticas que, como muestra este trabajo, no pueden pensarse más que en indisoluble par. El origen de estas prácticas devenidas política de estado puede ser datado más o menos con precisión. Sus consecuencias, sin embargo, no parecen tener fecha de vencimiento. Es por este motivo que la preocupación del autor no pasa tanto por lograr una recuperación romántica de las voces negadas por la historia oficial, sino más bien trata, con éxito, de des-cubrir los dispositivos y el mecanismo que hicieron (y hacen) posible la puesta en acto de este tipo de políticas.
Un conjunto de cuestiones atraviesan este trabajo que apela a la historia como modo de conjurar el presente e imaginar un futuro radicalmente distinto. Entre ellas se pregunta por el lugar del Estado, por las formas de las resistencias, por los sistemas de alianza entre el Estado y las elites, por las solidaridades entres los sobrevivientes, por las dificultades de construir solidaridades en contextos trágicos, por la necesidad de dar cuenta de las tragedias aún no dichas. Sin embargo, parte desde un lugar singular, casi personal, de una pregunta simple hecha por otro que no pudo (o no quiso) apartar de sí. El problema que quiere comprender, anclado en la memoria y en la historia, está formulado a partir de una actualidad que no da señales de intentar reparaciones históricas o reconocimientos efectivos de los derechos de los pueblos originarios sobre sus territorios. Por esta razón, la pregunta del otro se transforma en problema del autor:
 “Las expropiaciones continúan en el presente. Ante las amenazas de un nuevo desalojo, la población de Vuelta del Río (…) se preguntaba: “¿De qué manera estas tierras no son nuestras?” Es en su memoria, en la historia y en los conocimientos de sus antepasados donde ella encontraba su respuesta” (15).
El autor se hace cargo de la interpelación que sus interlocutores le disparan a quemarropa y nos invita a involucrarnos con esta historia de los otros que, lo sepamos o no, nos constituye tan hondamente.

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