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lunes, 10 de julio de 2017

“Casas de fuego”, por Miryam Pirsch


Familias póstumas. Literatura. Literatura argentina, fuego, peronismo de Marcos Zangrandi. Buenos Aires, Ediciones Godot, 2016, 280 páginas

Basta nombrar una iglesia incendiada para que el imaginario argentino piense inmediatamente en el peronismo. Literatura argentina, fuego y peronismo es la tríada que eligió Marcos Zangrandi para reformular la consabida antinomia civilización/barbarie, eje fundacional y organizador de nuestra literatura.
Pensar el peronismo en la literatura argentina ha sido una operación largamente visitada por la crítica pero el autor de Familias póstumas realiza un recorte que en principio pareciera cruzar tres autores con estéticas disímiles, posiciones ideológicas distantes y recorridos sociales e intelectuales antagónicos: Manuel Mujica Láinez, Beatriz Guido y David Viñas. ¿Cómo organizar una familia literaria entre estos autores? El vínculo que organiza Zangrandi entre estas figuras encuentra su eje en el peronismo, tema que organiza sus ficciones a la vez que momento histórico, marco en el que se escriben e inscriben, en particular en el año 1953. Este año ocurre un hecho vertebral y definitorio para este ensayo: el incendio del Jockey Club, hito que marca el fin del “primer peronismo” y la inauguración de uno nuevo, signado por la confrontación.
En las novelas de estos autores (escritas a partir de este año pero en germen en novelas anteriores, como en el caso La casa del ángel  de Beatriz Guido) la protagonista es la familia, institución sobre la cual recayeron con fuerza las innovaciones de este peronismo que pareció nacido de las cenizas del Jockey. Dos leyes llevadas adelante por el peronismo fracturaron el orden familiar tradicional: el divorcio y el reconocimiento de los hijos ilegítimos pusieron en escena, de este modo, un orden familiar alternativo en tanto que otro se desmoronaba a la vez que emergía el desafío de pensar cómo representar este nuevo universo doméstico.
El diálogo y el cruce permanente entre los tres autores no evita que cada uno tenga su apartado donde se profundice en el análisis de los vínculos familiares y políticos que estructuran estas tres narrativas con sus especificidades. La paternidad debilitada o reducida aparece como forma introductoria de las fracturas en estas familias póstumas, y esta imposibilidad para delimitar un legado que suceda entre padres e hijos encuentra en la figura del parricida David Viñas el primer nombre. Además de la lectura de novelas emblemáticas como El jefe o Cayó sobre su rostro donde el grupo sustituye a la familia, Zangrandi aporta su investigación acerca de las novelas que Viñas publicó en 1953 con el seudónimo de Pedro Pago, en las cuales sostiene el discurso de justicia social predicado por el peronismo pero como una suerte de parodia del escritor peronista.
El desamparo será la imagen que Manuel Mujica Láinez elegirá para sus protagonistas adolescentes como forma de representar la percepción generalizada de los cambios sociales. Bomarzo y La casa son algunos de los textos en los cuales el deseo incestuoso, el fetichismo, las sexualidades alternativas se reiteran puertas adentro, en una aristocracia que, como la casa de la novela, se derrumba a medida que se aferra a su encierro y a sus secretos, rasgo que comparte y profundiza con Beatriz Guido. La metamorfosis de los criados en obreros, el horror a las multitudes, las sexualidades ambiguas como crisis de la herencia y la mercantilización del cuerpo de las jóvenes de la clase alta acompañan los nuevos modos en que la clase intenta acomodarse al nuevo orden en El incendio y las vísperas, Piel de verano o Fin de fiesta.
El exhaustivo trabajo de investigación y el aporte de fuentes documentales inéditas de este libro indagan, por último, en el tópico de la casa como núcleo articulador y territorio de litigio de las tensiones a que se vio sometido este sector a partir de los cambios en la vida social. Esculturas espléndidas, eróticas, decadentes; colecciones obsesivas; parques infinitos; altillos-cárcel de mujeres; miradores que apuntan a un futuro incierto visibilizan contradicciones que solo el fuego pudo someter.

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