“Réquiem para D10S”, por Javier Geist



CRACK - Volumen 7,
de autores varios. Creative Commons CC, 2020, 101 páginas (de libre descarga en: https://fanzinecrack.tumblr.com/).

¿Cuándo nace el mito? Probablemente, las respuestas a este interrogante sean variadas y erróneas. Algunos afirmarán que fue un 30 de octubre de 1960; otros arriesgarán un 20 de octubre de 1976 o un 22 de junio de 1986 y, quizás, los entendidos en mitos se empecinen en sostener que inició apenas hace unos meses. Ahora bien, lo erróneo no está en suponer un inicio, sino en pensar que ahí está lo importante. Porque parafraseando aquella frase que inundó las redes sociales el 25 de noviembre pasado, fecha del fallecimiento del ídolo: no importa el origen del mito, sino lo que nos despierta. Y en esa hecatombe de sentimientos se encuadra el Volumen 7 del fanzine CRACK, que desde el prólogo escrito por los editores nos alerta: “Viene dedicado a uno de los últimos mitos del siglo XX: Diego Armando Maradona. No se trata aquí de un homenaje, un número hagiográfico, una celebración acrítica, ni siquiera una loa o análisis de su figura histórica. Mas bien tratamos de situar al mito en nuestra órbita personal” (p.5).

El fanzine, que nos recuerda con su nombre a la mítica revista deportiva de los años ‘30, desde febrero de 2015 viene compilando en sus publicaciones cuentos de autores internacionales con un común denominador: el fútbol. En esta séptima edición recrea en su forma y presentación la idea de un partido: once relatos dispuestos en un primer y segundo tiempo (de cinco relatos cada uno), un intermedio fugaz y un alargue (con un cuento más), demostrando que la estética es tan importante como los relatos que la componen.

La patada inicial la da Javier Cozzolino con “República de la tristeza”, donde la pasión por el deporte se mezcla con recuerdos familiares: el futbol presente en cada una de las esferas de la vida. La repetición de sucesos, en este caso dos partidos de futbol similares, parece sugerir una existencia cíclica que hace a su vez de radiografía social. Nos otorga, además, frases que nos hacen reflexionar sobre el mito maradoniano, entre las que destaco: “Noviembre fue el mes de la primera y única vez que vi a Diego Armando en la cancha de la mano de papá… Y noviembre fue también el mes de esa noticia donde el nacido en Fiorito se muere y, con él, la última promesa de felicidad de un país… dejando al desnudo toda la tristeza y toda la tragedia que supone no saber de donde agarrarse para gritar fuerte que uno está orgulloso de ser argentino” (p. 18).

En “Real del Monte”, Didier Andrés Castro nos hace rememorar aquel hito bautizado como “La mano de dios” bajo la mirada de Marcos, un mexicano que trabajó toda su vida en una caseta de cobro, que inicia pensando que: “el problema es el capitalismo” (p. 22) y tras una larga relación de análisis del mundo que habita festeja la hazaña y afirma: “tantos robos en la historia, ya era hora de uno nuestro, aunque precisamente no era un robo, era la legítima defensa de los pueblos frente a esos extranjeros que veían en ellos ganado del cual sacar faena” (p. 27).

El primer gol del encuentro lo marca Darío Rodríguez con “Porque había venido Ruggeri, porque estuvo Romano”. Con una cuota de humor imposible de ignorar transforma la conferencia en que Maradona (en 2018 y como director técnico) menciona las palabras del título en un poema de dos estrofas. Aventurando además una descripción de su obra, presentándolo como: “El poeta argentino Diego Armando Maradona (1960-2020) conocido también por haber sido futbolista. Que aventura un humor Borgeano y además juega a parafrasear la conocida sentencia de Viñas sobre Borges y Walsh: “Maradona es un caso prototípico de insularidad dentro de la literatura argentina. Y si nos apuran, hasta sudamericana” (p. 32). Pero todo chiste tiene una cuota de verdad y hacia el final de la presentación afirma que “La obra poética de Maradona está aún por estudiarse” (p. 33). No podemos negar el poder profético de esa frase porque hay una retórica maradoniana que espera por ser descubierta. Hasta hace pensar que, quizás, el futbolista eclipsó a un gran autor de aforismos como “Yo me equivoqué y pagué. Pero la pelota, la pelota no se mancha”, entre otros.

Paula Bradich en “Un pelotudo”, nos recuerda la ingenuidad con la que muchos argentinos nos movemos en el mundo. Esa percepción egoísta que nos hace creer que todos conocen nuestras epopeyas y las entienden. El cuento explora un malentendido en torno a la frase de Víctor Hugo Morales “Barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste?”.

Y el gol del empate para clausurar el primer tiempo llega de la mano de Pablo Manzano en “Hombre viejo, hombre nuevo”. El relato interpela a los falsos movimientos sobre nuevas masculinidades que encubren y perpetúan viejas prácticas. Sus protagonistas son dos profesores (varones, heterosexuales y de una hegemonía más que obvia) dando cátedra sobre feminismo y nuevas masculinidades. Pero los estandartes de la nueva masculinidad terminan arreglando sus diferencias de la manera más ancestral y predecible: “Dos hombres disciplinados volviendo a arreglar las cosas como hombres, en una especie de zona liberada, lejos del panóptico femenino, sabiendo que en cierto modo se les permite seguir siendo hombres” (p. 47). Hacia el final del relato, el autor nos recuerda la estampa más humana de Diego (o al menos una de ellas), esa foto en la que está acompañado de dos menores difundida hace unos años. Así, el autor, con esa instantánea nos lleva a la otra cara del mito, el héroe que juega a ser Zeus, pero está fuera de su tiempo y lugar.

Silbato. Fin del primer tiempo. Entre tiempo.

El segundo tiempo arranca con el descuento de mano de Sico Pérez, en “Ciudades Perdidas”. En una gambeta estratégica esquiva la impronta futbolera y nos lleva a Madrid. La sombra de la pandemia se avecina en clave fantástica: un grupo de okupas que se hace llamar “Las ciudades perdidas” es sorprendido en el invierno por una enfermedad que arrasa con todo y termina empujándolos al borde del edificio que habitan. En una suerte de homenaje a “Casa tomada” de Cortázar, el autor transforma nuestra cotidianeidad mundial en un cuento fantástico ejemplar.

José de Montfort esboza un ensayo libre sobre las infinitas posibilidades teóricas del fútbol en “Sonrisa, engaño y traición”. Confluyen filosofía, sociología y la mitología del deporte en torno a la figura del Crack de Fiorito. Entre las que podemos destacar: “Maradona es heraclitiano, la armonía de su juego, su acontecer se halla en un juego de opuestos, de lo no idéntico es de donde obtiene el acorde” (p. 65). El desfile de personajes opinando sobre el deportista da una clave sobre la pervivencia del mito en la cultura, en las páginas encontramos a Eduardo Galeano, César Menotti y Octavio Paz, entre otros.

Obituario” de Ruber Hurtado vuelve sobre la premisa de “El Aleph” de Jorge Luis Borges, explorando la imposibilidad de abarcar un todo a través del lenguaje. Su protagonista tiene la tarea de escribir un obituario para Maradona y reflexiona sobre la inutilidad de intentar representar un fenómeno tan grande en tan pocas palabras. Para conocer el final van a tener que llegar hasta las últimas líneas del cuento.

Santiago Noero en “El furbo” se aventura, a través de un relato fragmentario, en las aristas del futbolista, evoca momentos que podrían llegar a considerarse hitos (como el segundo gol a los ingleses) y los carga de una realidad mezquina. Representa esa mirada escéptica que forma parte también del mito, la de aquellos que se apartan de la idolatría.

Querido Diego” de Ignacio Concha, se vuelve hacia la metafísica y juega a ser esa botella al mar de quienes recurren a esa última esperanza. El cuento está escrito en segunda persona y está dirigido a un hombre que algunos han tildado de santo, con cierto humor le reclama que interceda para encontrar un objeto perdido. Es la jugada del final la que representa el gol del empate: esa cálida despedida de los mortales.

Silbato. Alargue.

La jugada del final es destacable, como mínimo. Jenny Valencia Alzate, con “La madre y el Barra Brava” consolida esa unión entre el género fantástico y el fútbol. La autora pinta la cruda realidad del barrio y la esperanza que, para algunos, representa ese deporte; pero hasta la palabra esperanza se tiñe de oscuridad en el relato. Ese sentimiento es el que abre las puertas de lo fantástico y genera una ruptura en la realidad, una realidad de vínculos familiares truncos y de múltiples violencias.

Crack Volumen 7 es, en síntesis, la prueba cabal de que fútbol y literatura pueden entrelazarse y generar obras interesantes y versátiles. Y es, además, una despedida sincera a uno de los personajes más literarios que ha tenido la realidad.



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