“La literatura en la jaula” por Adriana Mancini




Spoiler de Pablo Manzano. Pilar, Batata libros, 2025, 182 págs.


Spoiler, otra entrega de la recién presentada editorial Batata libros, está compuesto por una sucesión de textos narrativos de formato genérico ambiguo, que embaucan al lector y lo seducen atrapándolo desde su título. “Spoiler”, el título del libro, es homónimo a uno de los textos que lo integra y ambos, señalándose mutuamente, plantean una de sus intrigas. Sin registro en diccionarios del uso del español en versiones originales, “spoiler” sí figura en la hoy transitada Wikipedia; incluso es en esta fuente dónde se asegura que la palabra “espóiler” fue aceptada por la institución rectora de la lengua española. Su definición es así: “Un spoiler (o espóiler) es la revelación anticipada de detalles cruciales de la trama –de una película, serie, libros, etc.– arruinando la sorpresa de quien no la ha visto o leído”. La pregunta surge sin esperar ¿qué puede “spoilear” un libro y un fragmento narrativo incluido en él si anticipa desde la tapa su intención? La curiosidad se sacia leyendo sus páginas plagadas de ironía, lugares comunes de la lengua, oxímoron y de una literalidad que se vuelca sobre sí como un avistaje fugaz a un espejo retrovisor incorporado a las mismas páginas que se leen. Una madeja compacta y desafiante que invita a desentrañar, paso a paso, hebra a hebra, como si fuera una cabellera. 

Una singular propuesta teórica acerca de la ironía le incorpora su carácter de “juego”, rescata su espíritu de distensión y su apego al peligro tal que, si el peligro estuviera en una “jaula”, “lo imita, lo provoca, lo ridiculiza, lo usa para entretenerse. Incluso se arriesgará (la ironía) a pasar del otro lado de los barrotes para que la diversión sea lo más peligrosa posible, para que la ilusión de verdad sea completa”[1]. Conforme a esta imagen, habría que preguntarse a quién pone en la jaula la intención irónica de Manzano en Spoiler, a quién convida para compartir el peligro de su juego. La ironía que despliega Manzano en su serie de narraciones juega con la literatura y sus recursos compositivos hasta la hipérbole. Entonces, la ironía tiene a la literatura en la jaula y se anima a atravesar los endebles barrotes que circunscriben la ficción, invitando al lector a participar del juego. ¿Qué “spoilea” Manzano? La respuesta, a mi entender, sería: spoilea las entrañas de la literatura, sus secretos. Spoiler ofrece casi un cadáver en una mesa de disección. Y si la literatura con sus entrañas expuestas está engrillada en Spoiler, ¿cuál sería el referente exterior, aquel que la literatura suele indiciar en su transformación ficcional? O mejor, ¿qué es lo literal y qué es lo metafórico en esta serie de textos que ofrece la exquisita edición de Batata libros? En Spoiler no hay nada fuera de sí mismo.  La narración no se organiza desde el exterior en función de un referente, se configura más acá de la bifurcación entre lo propio y lo figurado. La direccionalidad se invierte. Y se afirma en la idea de que “lo literal quiere decir: esto otro por lo que el simple contenido literal no está sino en el texto y la lectura limitada –‘literal’, en el sentido común del término– solo es en realidad, una lectura selectiva, abstracta, que substrae a la historia de su fuente viva, su razón de ser, (…) por intermedio de la abstracción o a través del desciframiento en ella de la alegoría, de un sentido oculto, la historia toma interés”. [2]


| En Spoiler no hay nada fuera de sí mismo.  La narración no se organiza desde el exterior en función de un referente, se configura más acá de la bifurcación entre lo propio y lo figurado |


“A cuatro centímetros del corazón”, la narración que inicia la serie del libro, es la historia de un hombre caracterizado por su corazón grande dada su bondad y a su vez se cuenta que se  habría salvado de morir de una herida de bala con entrada cerca del corazón. El lugar común – se tiene corazón grande, se es un hombre bueno”– motiva la deriva zizagueante de la narración. El personaje –un escritor dogmático– cuyo nombre asoma en otros textos es acompañado de cerca por un narrador en tercera persona que repasa algunas situaciones del itinerario de la escritura. Por ejemplo: la presión de los editores, los temas sugeridos, ciertos géneros que triunfan “en el mundo civilizado” como policiales estilo Tarantino, y finalmente el bucle metatextual que le da el punto final.

Otro texto, “La palabra amor”, despliega la paradoja. La protagonista, una mujer convaleciente de un cáncer de tiroides, en salud se desempeñaba como profesora de adolescentes y, fuera de hora, se dedicaba a iniciar en el sexo y satisfacer el deseo de sus jóvenes alumnos, a quienes excitaba llamándolos “amor”. Sin embargo, con su pareja a quien supuestamente ama y quien supuestamente la ama no pronuncia esa palabra. Sobrevuelan en el relato consabidas instancias de la escritura, una libreta de apuntes y, en particular, la semántica de las palabras; es decir, la relación entre la palabra y el objeto o la acción que representan: “Él, que me enseñó a no decirlo, él, que nunca me ha llamado amor, quiere hacer el amor” (24). 

“Hombre viejo, hombre nuevo” pone en “la jaula” de la ironía el motivo de los talleres. Dos talleres que –se intuye– corresponden respectivamente a los temas cuyas características responden al de los dos tipos de hombres anunciados en el título comparten un mismo espacio, pero sus responsables no se conocen. En un taller, las reuniones son dialogadas, amenas y se reflexiona acerca del  machismo: “¿Ustedes realmente se sienten atraídos por una adolescente en minifalda o la miran solo para demostrarse a sí mismos que son hombres?”(29-30). La pregunta transformada en una aporía muestra la sutil ironía del texto. El otro taller presenta clases más teóricas, está pensado para guionistas y subraya, por ejemplo, el “desplazamiento hacia los personajes femeninos” (32) en la ficción. El final se resuelve como en una comedia de enredos que desbarata todo intento de establecer paradigmas en los motivos literarios. 

La borrosa línea entre las escenas del sueño y las de la experiencia o las de la ficción, así como los límites identitarios del sujeto, es tema de “Quisiera que estuvieras allí”; título que reproduce el mensaje que recibe la protagonista; una mujer sola, de vida lineal que recuerda un amor tortuoso del pasado. El mensaje se completa con un “No vayas” en su remitente, transformando la lectura en una cinta de Moebius difícil de desentrañar. Siguen otros textos genuinamente dislocados, hasta desopilantes, que completan un libro que en algunas de sus páginas recuerdan los enredos semánticos de Macedonio Fernández y que tampoco se priva de establecer guiños más o menos evidentes como mencionar “la hora señalada” (39) o, en “Entrevistas”, proponer dos personajes que conforman un dúo literario –Lombardi y Onil– que trama encuentros y publicaciones periódicas –como Orilleros y Córner, por ejemplo. 

Es alentador encontrar en “Spoiler”, texto que va indicando el final del libro, una línea de fuga que resignifica la lectura y reafirma que la literalidad por “abstracción” o “a través del desentrañamiento” revela ese otro sentido escondido, un revés de la trama.  Ahí, se recupera el personaje escritor del primer texto, dando la vuelta “casi” completa. 

“Pero lo que pasó fue que empezaste a contarle a Rondó los detalles de una película que él no había visto y él quería ver. Luiggi se tapaba las orejas, cállate, te decía, no sigas, cállate te he dicho que no quiero saber, que la quiero ver. (…) Qué más te da el spoiler, Luiggi Rondó, ¿no dices que la quieres ver?, pues cuando la veas te enfrentarás a esa película tú y solo tú, con tus propios ojos, tu propio aparato sensible, tu propio bagaje perceptivo y tu propia experiencia acumulada, todo tendrá una resonancia única y personal. ¿Qué más da que antes te la cuenten” (161).

El lector, las lecturas, cada cual única e irrepetible, quedan, entonces, fuera de la jaula, fuera del juego audaz y peligroso de la ironía.    



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[1] Jankélévitch, Vladimir. La ironía. Trad. Carlos Schillig. Buenos Aires, El cuenco de plata, 2015, p. 11.

[2] Zourabichvichvili, François. La literalidad y otros ensayos sobre el arte. Trad. Pablo Manolo Rodríguez. Buenos Aires, Ed. Cactus, 2023, pp. 56 y ss.

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