“Mujeres en escena”, por Karina Wainschenker


Sobre Baja Costura y Muñecas Rotas (las fichas técnicas de las obras y sus próximas funciones pueden visualizarse en sus sitios web).

Durante el Festival ESCENA, realizado entre el 13 y el 27 de octubre en 22 teatros de Buenos Aires, y organizado por el colectivo de salas que lleva el mismo nombre, se presentaron más de cien obras. Entre esta abultada oferta, encontramos un interés común en las problemáticas de la mujer, el cual se observa en las muchas piezas que pusieron cuerpos femeninos sobre las tablas; e incluso, como evento especial, se realizó el ciclo “Mujeres autoras-directoras” con la consigna “Producción en contextos de encierro”, el cual consistió en un panel integrado, entre otros, por Olga Guzmán (autora del libro Esta vez decido yo y presa en el penal de Ezeiza) y Agnes O. (una mujer cuya familia internó en instituciones ligadas al Opus Dei para alejarla de su lesbianismo y adicciones). La mujer puerca, Niñas cálidas Luz azul son algunas de las piezas que tomaron a la mujer como protagonista, aunque, en esta oportunidad, serán Baja Costura y Muñecas Rotas las que recibirán el foco de atención por sus rasgos en común. La dramaturgia de la primera de ellas es de Soledad Galarce y su dirección quedó a cargo de Mariano Caligaris, mientras que Muñecas Rotas cuenta con dramaturgia y dirección de Mauro Molina, sobre textos de Patricia Suárez -del estreno de ambas, dista ya más de un año.
En Baja Costura nos encontramos con Delfina y Catalina, dos mujeres que se dedican al diseño textil y cuyos productos son confeccionados en un taller clandestino, espacio en el que ocurre la trama y con el cual, al decidir coser ellas mismas las prendas por un imprevisto legal, terminarán por familiarizarse al ponerse en la piel de las trabajadoras. Muñecas Rotas, por su parte, nos presenta la historia de Tabita y Margot, dos víctimas de la trata de blancas que narran sus historias personales entre la ilusión de libertad y la amenaza de un fatal destino. Ya desde estas breves sinopsis encontramos que ambas abordan problemáticas de género vinculadas al ejercicio de poder sobre el cuerpo femenino.
Baja Costura coloca sobre tablas a dos mujeres del mundo del high fashion, a los cuales observamos víctimas de las exigencias de la moda sobre el cuerpo, y de los cuales nos permitimos reír por un trabajo actoral que toma al estereotipo para hiperbolizarlo y llevarlo al cliché. Luego, estos mismos cuerpos serán los representantes escénicos de las víctimas del trabajo esclavo en la industria textil, logrando así una condensación que provoca un fuerte contraste, poniendo de manifiesto la coexistencia de estos dos mundos, entendiendo que no son antagónicos sino las dos expresiones de una problemática que pertenece al mismo universo. El contraste que se observa en Muñecas Rotas es logrado a través de las referencias al mundo del tango. Margot, nombre que ella misma elige para sí, remite a aquel tango en el que un hombre sufre por ver a su Margarita transformada en una prostituta, “desde el día que un magnate cajetilla” la “afiló”. Pero la nostalgia del mundo del tango, como el melodrama de un hombre que zanganea entre la mujer-madre y la mujer-prostituta, se revierte para mostrarnos el mito desde otro puerto. Será la misma Margot quién encarne los dos modelos, siendo una prostituta que cae engañada en la red al intentar darle un futuro mejor a sus hijos; quien también expresa toda su desgracia al cantar que “guarda escondida una esperanza humilde, que es toda la fortuna de mi corazón”, versos del tango Volver, que se resignifican al ponerse en la voz de una víctima de la trata, expresando la tragedia de la mujer cuyo cuerpo es comercializado y convertido en producto a ser adquirido por el hombre.
Las obras tienen en común la construcción del vínculo de los personajes con el entorno que las oprime. Baja Costura pone en escena un montón de elementos que comprenderemos a medida que avance la obra, como -por ejemplo- un colchón, que adquiere significado cuando se afirma que “en el taller se trabaja, se come, se duerme, se vive; no se sale porque se pierde el tiempo”. También se hace referencia a la luz del día, aquella a la que no se tiene acceso por falta de ventanas y que impide a las víctimas del trabajo esclavo tener noción del paso del tiempo. En Muñecas Rotas la escena metaforiza a una caja de música, en la que estas dos muñequitas pasan su tiempo entre cliente y cliente. El encierro se siente por la constante referencia al afuera y el anhelo de libertad. La referencia a la luz del día también aparece, por medio de Rusita, un personaje extra escénico al que recuerdan las protagonistas y cuya historia retumba. Se trata de una compañera, una quinceañera a la cual secuestraron a la salida del colegio, que iba a todas partes con su muñeca cual si fuera Vasilisa en el bosque. “Un mes duró”, porque su familia la buscó y se publicó su fotografía. La fatalidad de su destino es sugerida por Margot, quien encontró su muñeca destruida bajo su cama y quien recuerda que Rusita sólo veía la luz del afuera en un pequeño espacio del pasillo que la llevaba de la habitación en la que la tenían encerrada hacia aquella en la que atendía a los clientes. La espacialidad, en ambos casos, se construye en relación a un afuera vedado, al deseo explícito de salir del lugar en que se encuentran, y a la imposibilidad de hacerlo sino a través de la muerte.
Estos espacios de opresión sirven de marco a las problemáticas abordadas por las obras y hechas carne escénica a través de los cuerpos de las actrices; mientras que en Baja Costura esos cuerpos viven entallados en las prendas de alta moda y sufren el polvillo del ambiente de un trabajo de largas jornadas y la mala alimentación, en Muñecas Rotas son comercializados hasta el desgaste, como el personaje de Tabita, que expresa en su tos y escualidez la enfermedad e insanía producida por la explotación sexual.
Tanto Baja Costura como Muñecas Rotas han utilizado, de manera sutil en términos de significación dramática, recursos físicos y coreográficos para las transiciones entre los distintos cuadros escénicos que las componen; recursos que, economizando en otras cuestiones, como escenografía y vestuario, y siendo su uso profundizado, serían capaces de poner de relieve al cuerpo, el verdadero protagonista de estas obras y víctima de las problemáticas que se denuncian -discurso teatral mediante. Por otra parte, los cuerpos de las actrices distan de aquellos a los que representan, no tienen las marcas de la explotación que llevan a escena. Sin embargo, estas se construyen en nuestro imaginario como espectadores, de una manera cruda y conmovedora producto de la presencia física de un cuerpo que narra violencia.
En ambas piezas se pone de manifiesto también la mercantilización del cuerpo, tesis que se expresa en la referencia al valor monetario que opera sobre el mismo. En Baja Costura, el cuerpo de la víctima de los cánones de la moda se refuerza a través de la puesta en pantalla -en formato videoclip- de los costos de operaciones estéticas, como una rinoplastia o la colocación de implantes, montados con fotografías de los personajes. En la misma pantalla, veremos avisos de pedido de mano de obra para los talleres de costura y el testimonio explícito de los honorarios por hora que cobran las empleadas de estos talleres, que contrastan por tres ceros a la derecha con los mencionados anteriormente. En Muñecas Rotas, el precio del cuerpo varía según la procedencia, el color de la piel, o bien el comportamiento que haga olvidar al cliente de la transacción comercial; y será este valor el que determine la distancia a la realización del sueño de libertad.
Sobre el final, interpelan al espectador a través de lo emotivo: en Baja Costura con monólogos que narran los casos de los incendios en los talleres de costura de la Triangle Company en 1911 en Nueva York y en un taller clandestino en el 2006 en el Bajo Flores, y con material audiovisual extraído de periodismo de investigación; en Muñecas Rotas con ese desenlace trágico que lleva la mencionada reversión de los arquetipos del tango a su límite.
Por todo lo mencionado, puede afirmarse que el mayor interés de estas obras no radica en su acción dramática o narrativa, la cual pierde absoluta prioridad, sino por en poner en escena a estas mujeres privadas de poder sobre sus propios cuerpos, privadas de espacio, privadas de tiempo; a través de cuadros vivos en los que estas problemáticas de género se hacen cuerpo, y no dudan al apuntar a estreñir las vísceras del público.

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