“Jimena Néspolo, en pose de combate”, por Ana Gallego Cuiñas

Texto leído en la presentación de Tracción a sangre. Ensayos sobre lectura y escritura (Katatay, 2014) de Jimena Néspolo, el 11 de noviembre de 2014 en el Palacio de la Madraza, Universidad de Granada, España.





“la historia de una mujer y su relación con distintos
hombres en un trasfondo de viajes y patologías exasperadas”
Héctor Libertella. Personas en pose de combate


Empezar una presentación es un instante crucial, como cuando se comienza a escribir una novela. Es el instante de la elección y en él se nos ofrece la posibilidad de decirlo todo, de todos los modos posibles, pero tengo que elegir en esta ocasión un solo motivo significativo que condense y revele la posición (de combate) desde la que lee Jimena Néspolo en su libro de ensayos Tracción a sangre, publicado este mismo año en la editorial Katatay. Y mi elección ha sido comenzar este ensayo con un título “aguerrido” que se apropia de la palabra ajena de Héctor Libertella para hablar de otra gran conquistadora “guerrera” de literaturas extrañadas y foráneas: Jimena Néspolo. Autora que conocí hace justo dos años –causalidades de la vida– en algún lugar de Buenos Aires “gracias (y ahora gloso unas líneas de la novela de Libertella que antecedía este texto) a difusas combinaciones –amigos de amigos, seguramente– que hicieron que pronto sintiera que había complicidad. De qué tono, el tiempo iba a decidir”. Y ha decidido, cristalizado en un tono de incipiente amistad cuyos bemoles “suenan” a Wagner, y a esa pulsión que uno tiene –como decía Woody Allen– de invadir Polonia cada vez que lo escucha. Porque algo parecido sentí cuando terminé de leer Tracción a sangre: ganas de dinamitar el campo argentino de batallas literarias, en el que –como sucede en otras tradicionales nacionales– se disputa el capital simbólico sobre la base de dos principios de jerarquización: el mercado y la academia. Ciertamente, Néspolo enfrenta en estas lecturas bélicas poéticas capitales argentinas (aunque también dedica secciones a otras letras, yo me voy a centrar en las argentinas que aglutinan la mayor parte de estas páginas), dando cuenta a su vez de los enfrentamientos (disputas y polémicas) que se han librado en torno a “campos de lectura” que han prefigurado escritores como Piglia, Aira, Cortázar, Di Benedetto, Bianco, Lamborghini, Copi, Libertella, Bellesi, Cohen, Tabarovsky, Kohan, Pauls, Guillermo Martínez, Gorodisher, Gamerro, Cucurto, Neuman, Matías Néspolo, Pron, etc. (seguro que me he dejado algún cuerpo en el camino) y, por supuesto, el inmortal (y traicionero) Borges.
En rigor, la literatura argentina se ha hecho a sí misma desde sempiternas tensiones en la configuración de un canon –terreno muy disputado– que se ha cimentado sobre binomios de polaridades, como si de ejércitos se tratase: civilización/barbarie (Sarmiento); Florida/Boedo (Arlt, Borges); Populismo/Vanguardia (Piglia, Saer); Babel/Shangai (Fresán, Pauls); malo/bueno (Prieto, Laddaga); legible/ilegible (Garcés, Tabarovsky). Clasificaciones que, como demuestra Jimena Néspolo en este libro, son parciales y superficiales, no operativas en la actualidad, momento en que el objeto literario se ha “fantasmatizado” por la yuxtaposición de criterios que evidencian “el problema de la lectura y la conformación del campo” (y sus apropiaciones) argentino, especialmente combativo y diestro en “el arte de la guerra”. No obstante, estas polaridades siguen teniendo vigor en el presente donde se impone a todas luces la dialéctica de la academia (UBA, que es la gran hacedora del canon literario argentino) frente al mercado. Además hay que recordar que los capitanes generales de estas guarniciones han sido y son en la Argentina los escritores –profesores universitarios como Borges, Piglia, Saer, Kohan, y la propia Jimena Néspolo– que con sus críticas han redefinido la tradición literaria nacional, hasta el punto de que esta “intervención” del escritor en la lectura de sus predecesores es “marca” indeleble y peculiaridad –respecto a sus pares latinoamericanos– de las ficción argentina. Si el gran oficio de los escritores hispánicos hasta el ecuador de la pasada centuria era el periodismo (debido al crecimiento de los mass media), en la segunda mitad ha sido la enseñanza en la universidad. En la Argentina esta realidad es más acuciada que en el resto de países de lengua española, lo que supone un trasvase del ejercicio de la crítica literaria a la ficción y viceversa, que se revela por la vía de la hiperconsciencia de la escritura así como de las dimensiones del campo de batalla (y del número de soldados que integra cada guarnición) donde se legitima un canon: es decir, donde se gana la guerra.
En este punto, la pregunta que se precipita es clara: ¿dónde se sitúa la soldado Jimena Néspolo? La respuesta ya nos la da el título de este cuerpo textual de ensayos sometidos a la tracción “por la acción de dos fuerzas opuestas que tienden a alargarlo” (segunda acepción del DRAE). En verdad, la autora se pone en combate “entre” estos batallones, arriba, abajo, a un lado y a veces a otro. No es baladí que sea escritora, profesora y también periodista: por lo que se escapa del binomio antes descrito. Por ello cabría aplicar igualmente la primera acepción del vocablo “tracción” a los textos reunidos en este libro: “Acción y efecto de tirar de algo para moverlo o arrastrarlo”. Es claro: Jimena tira –sobre o desde un caballo de batalla– del carro bifronte cultural argentino, empleando la (auto)parodia, el sarcasmo y la ironía como principales puntas de lanza de una lectora “escindida” y “disruptiva”. Traccionada y traccionando (si se me permiten los vocablos y el gerundio), Néspolo traiciona la tradición argentina: cito del libro “Se trata de plantear relaciones impertinentes, hacer preguntas incómodas; quebrar el cerco crítico que supone abordar los textos como islas autoformadas en un hedonismo solipsista […] de abrir nuevas ventanas al mundo y sacudir con ahínco los esclerosados pensamientos” (36-37). Y desde luego, lo consigue mediante una capacidad extraordinaria para comunicar y meterse en la piel del lector (también como escritora, productora de sentidos), saliendo y entrando del objeto literario para constatar que su “valor” es hoy más contingente e inaprensible que nunca. Con lo cual, nuestra autora redunda en el cambio de episteme cultural a comienzos del siglo XXI, así como en el hecho de que habríamos de hablar más bien de posiciones de lectura en virtud de que “lo literario” (cuyos contornos hoy están más difuminados que nunca) designa más a una manera de leer que de escribir. Por eso diagnostica síntomas de lecturas que se practican actualmente en el campo argentino, con el horizonte cultural del sincretismo global. O mejor: evidencia la tracción de una suerte de fuerza centrípeta que traza un círculo del no-tiempo, de la repetición de determinadas formas de lectura que luchan por imponerse en la tradición. Cito: “Gauchos matreros, compadritos, cuchilleros, bravucones, bibliófilos, impenitentes, petardistas mesiánicos o falsificadores, enciclopedistas, egocidas y plagiarios conforman la trama discernible de notables precursores que hacen a nuestro panteón nacional […] Con todo, es curioso observar cómo opera en Argentina el no tan discreto engranaje de legitimaciones que conforman aquello que damos en llamar Literatura y la menguada realidad corporal de sus protagonistas” (77). Incluso uno de los capítulos que integra la segunda parte del libro llamada “Sangres” (las otras dos se denominan “Elogios” y “Movimientos”) se titula: “Acerca de la mierda y el ojo del culo argentino”. Y ahí, según Néspolo, el “mal de Aira” (en el sentido de Vila-matas) y sus aires (acumulativos, cínicos, disparatados, balcanizadores de tramas y valores estéticos) ganaría la batalla de la tradición argentina que está por venir. Aunque hay que precisar que esta, como construcción de un patrimonio cultural que permanece –y debe ser conservado– es una fuerza en movimiento intencionada pero también modificable.Tal vez el reguero de sangre que ha dejado tras de sí la combatiente –y camarada– Jimena Néspolo en este libro cambie algunas poses y la marcha triunfal de algunos pasos.  

Ana Gallego Cuiñas, Jimena Néspolo y Juan Varo.



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