“La risa como arquitectura comunitaria”, por Diana Gómez

 



Dime de qué ríes y te diré quién eres. El humor en la conformación de colectivos, Mara Burkart, Damián Fraticelli y Cristian Palacios (Coordinadores), Buenos Aires, Teseo, 2025, 404 páginas. ¿Qué hilos invisibles se tensan entre quienes comparten la risa y quienes quedan, irremediablemente, por fuera de ella? ¿Cómo se reconfigura el “pacto de lectura” humorístico cuando el escenario ya no es la revista o el diario, sino el flujo incesante de las redes sociales y el meme? El libro coordinado por Mara Burkart, Damián Fraticelli y Cristian Palacios nos invita a pensar cómo el humor no sólo refleja, sino que construye comunidades, memorias y tensiones sociales. La obra se sitúa en el centro del debate que tanto la sociología de la cultura como la historia cultural vienen planteando en las últimas décadas: el humor no es un ornamento o efecto colateral de la cultura, sino que es un dispositivo político que teje sentidos y conflictos indispensables en la construcción de un “nosotros”. Desde diferentes aportes interdisciplinarios que cruzan la sociología de la cultura, el análisis del discurso, la historia cultural y los estudios sobre comunicación y medios, cada capítulo del libro, aunque con diferencias en el enfoque y el objeto de estudio, contribuye a abrir caminos para pensar críticamente la risa como lugar de convergencia de prácticas simbólicas, políticas y culturales. Un punto de partida interesante del libro se encuentra en la reflexión sobre el humor en contextos de deshumanización y represión. El trabajo de Jorge Montealegre Iturra plantea que, en la prisión política durante los años setenta en el Cono Sur, el humor negro y la autoironia operaron como una forma de resiliencia colectiva y resistencia simbólica. El humor permitió, en esos contextos, crear un “realitario”; esto es un constructo simbólico que le permitió a los prisioneros políticos habitar una realidad otra, sustraída del dominio del represor. La risa, en esos contextos de prisión y represión, conformaron una comunidad de reconocimiento que el poder no pudo clausurar. En una línea distinta pero complementaria, el texto de Martínez y Baranowski sobre el humor negro en contextos de enfermedad grave amplia el campo empírico del libro y refuerza la idea de que lo reidero cumple funciones de cohesión y reconocimiento incluso en escenarios atravesados por la muerte y la vulnerabilidad extrema. En el segundo apartado del libro se despliegan herramientas conceptuales de gran interés para el estudio del humor. El cruce que realiza Fernando Andacht entre Pierce y Goffman habilita la lectura del humor como práctica interpretativa que cuestiona las nociones tradicionales de audiencia. Asimismo, Juan Samaja, propone que el humor no solo es un alivio cómico, sino una forma de gestionar la violencia social. Para él, la risa es en gran medida “violencia organizada” porque actúa como una modalidad preventiva de la violencia al funcionar como un “chivo expiatorio” ritualizado que permite descargar tensiones sociales de forma controlada para evitar estallidos destructivos mayores. Este enfoque es interesante para abordar críticamente debates contemporáneos sobre los “límites del humor” dado que la violencia simbólica constituye una dimensión estructural de ciertas formas de lo cómico. Por su parte, Cristian Palacios hace una distinción política entre lo cómico y lo humorístico, en donde lo cómico funciona mediante la exclusión de un tercer; es un “nosotros” que se ríe de un “otro” ajeno a sus valores; mientras que lo humorístico al ser visto como un gesto subversivo y un acto supremo de libertad, es una “pulsión de vida” frente a un escenario de desesperación. Esta distinción la usa para advertir cómo la risa puede ser absorbida por el mercado y el poder político, lo que también lo lleva a plantear que en la contemporaneidad existen líderes que adoptan el rol de “payaso violento” para canalizar el rencor social, en el que prima un gesto reaccionario y de humillación del adversario. En el tercer apartado del libro encontramos un conjunto de textos muy interesantes que abordan la relación entre humor, género y desigualdad. Los capítulos de Thaís Batista Rosa Moreira sobre el antifeminismo del siglo XX, de Mara Burkart sobre la obra de Maitena y el humor no sexista y el de João Paulo Rodrigues sobre el rol de la caricatura en la construcción de estereotipos raciales, dejan en evidencia que la risa ha sido históricamente un terreno de disputa política. El trabajo de Burkart que analiza la irrupción de Maitena en la revista SexHUM® a finales de los ochenta cuestiona la supuesta “universalidad” del humor masculino, al desplazar a la mujer de su rol tradicional como objeto de la burla para situarla como sujeto productor de esta. Maitena, sostiene la autora, no solo hace reír sino que construye un nuevo colectivo -el de las mujeres que se reconocen en sus propias contradicciones- y, al hacerlo, redefine el campo del humor gráfico argentino. En la otra orilla, se encuentran los trabajos de Moreira y Rodrigues, dado que ellos abordan en sus estudios el uso del ridículo y de la risa como arma de disciplinamiento. La caricatura sobre las sufragistas o la estereotipación racial a principios del siglo XX muestran cómo la risa también cristaliza una mirada que busca degradar lo que percibe como amenaza.


 | estudiar el humor es estudiar los límites de nuestra propia comunidad |


El cuarto y último apartado del libro se centra en el humor en contextos hipermediatizados que toman como objeto de estudio los memes, las comunidades digitales como los incels, los discursos libertarios y los procesos de identificación online. Estos capítulos constituyen un aporte relevante para comprender cómo el humor opera actualmente como un mecanismo central de agresión y diferenciación social en escenarios atravesados por la circulación acelerada de información y del sentido y cómo moldea identidades colectivas. La distinción que propone Cristian Palacios entre lo cómico -la risa de superioridad que aplasta al otro- y lo humorístico -la distancia crítica con uno mismo- es aquí una herramienta analítica indispensable para entender las dinámicas de odio y pertenencia en las redes sociales. Este apartado del libro contiene pistas valiosas para pensar no solo el humor como objeto de análisis, sino como catalizador de formas contemporáneas de sociabilidad y de política. Para el ámbito académico argentino y, especialmente, para quienes nos movemos en el cruce entre las ciencias sociales y las humanidades, Dime de qué ríes y te diré quién eres se posiciona como una referencia ineludible dada su capacidad para integrar temporalidades y objetos de estudio tan diversos bajo un mismo eje temático como es el humor. Adicionalmente, nos recuerda que estudiar el humor es estudiar los límites de nuestra propia comunidad, puesto que en sus páginas, el humor deja de ser un objeto “menor” para revelarse como un espacio de crítica, una herramienta de poder y, sobre todo, como la posibilidad de encontrarnos en la complicidad de una sonrisa compartida. Asimismo, es importante mencionar que este libro no solo nos dice de qué nos reímos, sino que nos interpela sobre quiénes somos en el acto de reír. Se trata de una obra que no solo enriquece los estudios sobre el humor y lo cómico, sino que invita a repensar qué significa reír en contextos conflictivos, de subjetivación y de disputa por el sentido. Por ello, se hace indispensable para comprender las formas de vida colectiva en tiempos de cambio, convulsión y/o represión.



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