“Una reunión de lectores en la Librería Argentina”, por Silvana López



El efecto Libertella, Marcelo Damiani (comp.). Rosario, Beatriz Viterbo Editora, 2010, 224 págs.
 
La H con la que comienza el “Prólogo” de El efecto Libertella torna los sentidos indecibles. Podrá ser, entre otras, la H de Héctor Cudemo, el protagonista de sus ficciones, o de Héctor Libertella, ambos nacidos en Bahía Blanca, el 24 de agosto de 1945, o la H de la firma del escritor rubricada por el artista plástico Eduardo Stupía. Una H que dirime el rastro, la huella, de un fantasma, de un lugar que no está ahí y de una poética diluida en una multitud de formas que se confunden en distintas redes botánicas que, como lectores de Libertella, tratamos de localizar, de identificar, de ontologizar,  aunque siempre se fuguen sin dejarse aprehender pero cuyas persistencias hacen visible los espacios y las obsesiones libertellianas como si su escritura insistiera, sin cesar, en el trazo de un centro sin lugar y en desplazamiento.
El efecto Libertella reúne un conjunto de artículos, compilados por Marcelo Damiani, que asedian tanto la poética libertelliana como las figuras del Libertella amigo - escritor/lector - post-hombre.  El texto exhibe, de ese modo, múltiples abordajes de  legibilidad de un estilo singular de concebir la literatura y de una obra que dialoga, como señala Raúl Antelo,  con “lo informe”. Los diferentes artículos, en una tensión entre el lenguaje de la crítica y la literatura y las formas de la amistad, dan cuenta de una ética del escritor que supone, en ese sentido, una poética: literatura y vida constituyen la cifra de Héctor Libertella. Así, César Aira se da cuenta de que con él muere el último escritor de la vieja raza, “de los que preferían la miseria a concederle a la respetabilidad un solo minuto de su vida”. Esa perspectiva se entrelaza con la lectura de Ariadna Castellarnau en la que filia a Libertella con Macedonio Fernández, escritores cuyo linaje tiene por “seña de identidad la autodisolución”.
Libertella practica tanto la diversión en “lo oscuro”, en la hermesis verbal, en “un querer llegar casi al silencio” –Ricardo Strafacce– como “el deleite de desquiciar las palabras” mediante los procedimientos de re read, re petition, re read, re petition petition, que utiliza Jeremy Munday en su traducción al inglés de “Nínive”. Una escritura “agonística” que aprende a “desfasarse” y ser experta en el “destiempo” –Martín Kohan–, “la negatividad de la negatividad” –Damián Tabarovsky–; una especie de “oblicuidad” en el gesto escriturario que “vuelve vieja la parodia y tarada a la vanguardia”, procedimientos que constituyen el único modo de toda “revuelta crítica auténtica” –Laura Estrin–. La literatura de Libertella se traza en “los restos”, en “las ruinas” –Maximiliano Crespi–, en las huellas de la letra, “la patografía” –Martín  Arias– o enfermedad de la letra, de la letra-Heroína. Su poética se constituye en complejos entramados genéricos que perturban las tipologías y las preceptivas tradicionales –Alan Pauls– produciendo un singular “efecto de lectura” –Ariel Idez–. Pedazos, trozos, sonidos, trinos, que transmigran de texto en texto diseñando una poética cuya potencia y flujo narrativo está constantemente entrelazándose en un magma escriturario que se abre a posibilidades de sentido incalculables. En esa dirección, la transmigración y (re)aparición de los distintos nudos narrativos tienen algo de desaparecido en la aparición misma como reaparición de lo desaparecido. Ese efecto espectral también se lee en los procedimientos de des-originación de la enunciación y en los indicios autobiográficos que exhiben los textos.  De allí que el gesto más auténtico de Libertella sea el de compartir la firma con Eduardo Stupía; ante esto, como lectores de literatura, escribe Tamara Kamenszain, “estamos irremediablemente perdidos”.
Es posible afirmar que al escribir de otro modo se comienza a leer de otro modo. Los protocolos de lectura que se enuncian, se dicen y se des-dicen, afirman y des-afirman, vacilan y/o suspenden en los distintos ensayos de El efecto Libertella apuntan a ocupar el vacío de esa H, el trazo de un entramado indiscernible de lectura y escritura de una masa literaria, que Marcelo Damiani, con lucidez, inscribe en el comienzo del texto. De ese modo, los escritores construyen  un volumen que abre distintas líneas de lectura de la poética libertelliana, sin pretensión de agotarla, tomando el riesgo de ir rumbo al impensable cero o siguiendo el destello de lo que Libertella escribe en una carta: Mira, Lorenzo, es un salto sin red abajo… un viaje sólo de ida.

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