“Las formas de estar fuera de lugar” por Rosana Koch





Las tierras, de Marcos Crotto Vila. Rosario, Beatriz Viterbo Editora, 2026, 144 págs.


Durante la presentación de Las tierras (2026), Marcos Crotto Vila contó que había pensado en una obra del artista visual Daniel Santoro mientras escribía el libro. La imagen le remitía a una escena fundacional de expulsión, el momento en que alguien queda fuera violentamente y debe arreglárselas con lo que lleva, con lo que perdió y con aquello que todavía intenta sostener. Volví varias veces a esa imagen, que ahora está en la portada del libro, durante la lectura. En carbonilla y acrílico, tres figuras humanas aparecen bajo una manzana demasiado grande; la rama está quebrada y apenas consigue retenerla sobre un suelo pedregoso. La escena permite entrar al libro por una zona que sus cuentos recorren con insistencia: algo se rompió entre los personajes y el lugar que hasta entonces reconocían como propio. A veces la ruptura exige cruzar un país o aprender otra lengua; otras se produce dentro de una casa, de una familia o del propio cuerpo.  

La relación entre imagen y escritura forma parte de la estética de los libros de Crotto Vila. El escritor fundó y dirige Ninguna Orilla, una editorial artesanal cuyos libros, cosidos a mano y con tapas serigrafiadas, recuperan el espesor de una pieza única. La imagen acompaña la escritura, la contornea y le traza un borde desde donde comenzar a leer. Ya ocurría en Final (2022), cuya portada realizó Eduardo Stupía, autor también del prólogo. Si allí Stupía ingresaba por los dos umbrales del libro, el visual y el escrito, en Las tierras la obra de Santoro sitúa la imagen junto a la letra y anticipa, sin clausurarlo, el conflicto que el cuerpo textual desplegará: la pérdida de un lugar y la búsqueda, fuera de él. 

Las tierras, publicado por Beatriz Viterbo Editora dentro de la colección Migratorias, reúne doce relatos de personajes perdidos en escenarios alejados e inciertos. Ni migrantes, ni extranjeros. Personajes extrañados, o extraviados, a veces, en su propio territorio. Algunos abandonan la Argentina, otros llegan a ella, viajan o regresan, y también están quienes permanecen en el país, aunque no sepan cómo habitar ese lugar. La expatriación funciona como un punto de partida que se extiende hacia otras formas de estar afuera o de sentirse “fuera de lugar”, en el sentido que Edward Said [1] dio a esa expresión. Los países, las culturas y los conflictos cambian de un cuento a otro, como lo advierte el escritor, y sería forzado imponerles una unidad demasiado rígida. Sin embargo, algo insiste. Los personajes de Crotto Vila perdieron la orientación y buscan, cada uno a su manera, un sitio, una palabra o un vínculo que les permita sostenerse.  

El título rehúye una dirección única. Son las tierras que se abandonan y aquellas a las que se llega, las que reciben un cuerpo y las que lo expulsan; también las que permanecen bajo los pies, aunque ya no puedan reconocerse como propias. La pregunta por la posesión se desplaza hacia otra más íntima. ¿Qué convierte una tierra en propia y qué queda de esa pertenencia cuando alguien parte, regresa o es apartado? En el cuento “Cuerdas”, un violín queda retenido en una frontera, mientras una canción de Natalia Oreiro llega hasta Siberia. En ese plural al que remite el título, caben el país, la casa, la lengua y la familia, pero también un jardín, un cementerio, un lago congelado o las huellas que una familia deja sobre la nieve.

Esa mirada orienta también la elección de los espacios, que son “periféricos” y están siempre apartados de las imágenes centrales o turísticas de cada ciudad. En “Tulipanes” no aparece el gran paisaje estadounidense, sino una urbanización en las afueras de Dayton. En “Clases de inglés en Union City”, Manhattan queda al otro lado del Hudson y el relato se instala en una ciudad lateral. París se ve desde un monasterio o durante el viaje hacia el Mont-Saint-Michel; la India, desde una residencia diplomática cuyo muro separa el jardín de un río funerario; Nueva York, desde Crown Heights, y Rusia, desde el camarote de un tren. Incluso cuando llegan a lugares conocidos, los cuentos eligen sus bordes, las zonas de tránsito y lo que suele quedar fuera de cuadro. En “Robar una ola” ocurre algo más inquietante. Una inscripción en una lápida hace que “el castellano hubiera retrocedido hasta su época de jeroglífico” (23). Esta vez, la lengua que se vuelve extraña es la propia. El personaje reconoce las letras, pero el sentido se le aleja y la escritura recupera la opacidad de un dibujo que ya no puede descifrar. En otro de los cuentos, “Vand”, Rogelio intenta ordenar las palabras dentro de una “red semántica posible” (98). Ese “posible” vuelve precaria cualquier certeza, porque el sentido debe construirse con relaciones tentativas, probar una palabra junto a otra y aceptar que esa trama puede deshacerse. En los tres cuentos, estar afuera altera primero el vínculo con la lengua y, a través de ella, la forma de percibir el mundo.  

También conviene reflexionar sobre el alcance que adquiere la nostalgia en estos relatos. Los cuentos no idealizan el país abandonado, ni presentan el regreso como una reparación capaz de restituir lo perdido. En “Tulipanes”, por caso, Magui piensa que “alguna vez iba a volver a Argentina, tal vez la otra Navidad” (10), pero esa posibilidad no despierta una añoranza complaciente, sino el temor de que sus amigas adviertan cuánto está engordando su cuerpo. En “Bloody Marys”, la memoria familiar permanece adherida al departamento de los padres, a los retratos, los muebles y las plantas, mientras la casa se vacía y los posibles compradores la recorren con los planos en la mano. El pasado vuelve en los objetos, aunque ya no ofrezca un sitio para regresar. En el relato “Crown Heights”, el regreso se vuelve más inquietante y deja ver que recuperar un lugar también puede expulsar a otro. La nostalgia apenas se asoma, como un resto de aquello que los personajes no consiguen dejar atrás. 


| ¿Qué convierte una tierra en propia y qué queda de esa pertenencia cuando alguien parte, regresa o es apartado? |


Estos restos que persisten en los objetos y en los espacios permiten acercar el libro a la idea de territorio que Marcos Perearnau propone en Arterritorio. Estética del relieve [2]: el territorio como una trama de relaciones, materiales y ritmos. Una raíz prende. Un automóvil se hunde. Una lápida se agrieta. Una huella queda marcada en la nieve. En esas materias, el desplazamiento deja de ser una noción general y adquiere peso, forma y temperatura. Cada tierra se hace en el contacto entre un cuerpo y aquello que lo sostiene o se resiste a sostenerlo. Es por eso que el relieve importa, permite percibir las capas que una superficie lisa no deja ver, los restos de una vida anterior que siguen actuando debajo de la presente. 

El primer y el último cuento hacen visible ese relieve. En “Tulipanes”, Magui llega a Dayton, pero queda fuera de la lengua y de la vida del lugar. Cuando se pregunta si su vecina musulmana extrañará el país y la familia, deja oír también su propio desamparo. En “Crown Heights”, un padre camina con Felipe por una plaza de Nueva York y prepara en secreto el regreso a Buenos Aires. Sigue las huellas sobre la nieve, borra los dibujos del baño y mira por última vez el departamento familiar: “Ese mundo ya no existe. En Nueva York cada mundo tiene vida corta, enseguida es destrozado por uno nuevo al que hay que acomodarse” (139).

Los cuentos cambian de voz, de perspectiva y de distancia, justamente porque el lugar desde donde se mira nunca va a permanecer fijo. Los diálogos breves, un humor que irrumpe aun en las escenas más desamparadas y ciertos objetos sobre los que queda adherido aquello que los personajes callan, sostienen una escritura contenida, que evita explicaciones. Los finales no devuelven a los personajes al punto de partida. Algo ya se ha movido y, con ese movimiento, cambia también la tierra que creían ocupar.




[1] Said, Edward. Fuera de lugar. Barcelona, Debolsillo, 2003.

[2] Perearnau, Marcos. Arterritorio. Estética del relieve. Colección Terri. Buenos Aires, Libretto, 2025.


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